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La mujer que acompaño a Vicente de Ametzaga Aresti  

 

 San Sebastian antiguamente fue una ciudad fortificada y pueblo de pescadores. Ahora era la Bella Easo. La foto muestra la casa, la tercera de izquierda a derecha, indicada con una flecha.  La tía Juli vivía en General Echagüe #15. La casa tenia dos plantas. En el sótano estaban la cocina, baño, habitación de Contxesi, y dos grandes habitaciones que ocupaba el taller de costura donde trabajaban una docena de modistas. La planta de arriba estaba elegantemente decorada destacándose los colores granate y azul cielo. La entrada con un mueble de caoba precioso donde estaba el teléfono con una silla tapizada y alfombra de color granate. Tenía un elegante comedor con una enorme chimenea de azulejos y madera, alfombra y sillones de cuero color granate. Era también dormitorio ya que el armario de día, se convertía en cama de noche. El comedor se comunicaba por medio de unas puertas correderas a una sala dedicada a los desfiles de moda, lucía alfombras y sillones de color azul claro y con mucha iluminación tenue tipo antorchas incrustadas en las paredes que daba un aspecto acogedor y señorial, seguido por una salita de espera del mismo estilo y últimamente  un cuarto de prueba, y un enorme baño tan grande como el comedor. Todas las habitaciones tenían enormes ventanales que daban al Río Urumea. La casa estaba ubicada en la esquina de General Echagüe y el Paseo Salamanca. El lugar era precioso, y me acuerdo dormirme al son de las olas pegando a las piedras en las márgenes del río. El edificio era de gruesa piedra construida en el siglo XIX, de cinco pisos de altos techos. La tía Juli que era una verdadera artista en cuanto a diseño y costura tenía su negocio de alta costura. Era más una casa de negocios. Ella viajaba bastante durante la semana, pero cuando estaba en casa trabajaba en el taller o haciendo pruebas, y muchas veces solamente la veíamos durante el almuerzo. Los domingos nos llevaba a Misa a la Catedral del Buen Pastor y a veces veíamos las regatas en la bahía antes de venir a casa a comer. Siempre íbamos primorosamente vestidas. Pero para mi lo mejor de esta ciudad era jugar con mi hermana ya que nos llevábamos muy bien, aunque estábamos viviendo diferentes experiencias ella en esta elegante, protegido pero solitario ambiente, y yo en más modesto, pero más libre y con más amigos.  En esta preciosa ciudad de San Sebastian, no teníamos la libertad de ir afuera solas porque el Paseo Salamanca era muy traficado.

A los pocos meses del nacimiento de nuestra hermana pequeña en Buenos Aires, nuestros padres se fueron a vivir a Montevideo, Uruguay. El presidente de los vascos José Antonio Aguirre que en aquellos tiempos estaba viviendo en Nueva York le encomendó a aita estar a cargo de la semana cultural vasca de 1943 en Uruguay que vivía un régimen democrático, y muy amigos de la democracia, en tanto que en Argentina se producía el 4 de junio de este año un golpe de Estado con positivismo hacia el franquismo. Aita aceptó la nueva responsabilidad de organizar la Semana Vasca que comenzó el 30 de octubre y se dilató hasta el 13 de noviembre de 1943. Una de sus principales labores era la elaboración de comisiones de honor, compuesto en su totalidad por destacados miembros de la vida pública e intelectual de la sociedad uruguaya. Le facilitó el tener como lejano pariente al entonces presidente de la Republica Juan José Amezaga, sus abuelos eran hermanos. Aquella semana vasca nuestro padre trabajó mucho para tener la participación de poetas, pintores, escritores, escultores, músicos, dantzaris. También Aguirre decidió proseguir con la Delegación Vasca en Montevideo. En la primavera de 1943 Aguirre pidió a su viejo amigo Vicente  tomar el puesto como Director de la Delegación Vasca en Montevideo, que era equivalente a ser embajador en Uruguay, pero desde luego titulo honorario solamente. Después de dos visitas para estudiar la situación, aita accedió y se mudaron a Montevideo en setiembre de 1943. Ellos parecían felices, aita muy con la gran tarea de dar a conocer la cultura vasca en esta ciudad en que no se conocía, y ama con su labor social, aunque para nuestra madre, ella solía decirnos, la sombra de nuestra ausencia apenaba su corazón constantemente.

En mi continuamente vibraba una inquietud que mi hermana no compartía, y era el deseo de estar cerca a nuestra madre y reunirnos con nuestros padres fuera donde fuera, pero como aun estábamos en guerra había peligro en cruzar el océano y tampoco había nadie que se responsabilizara por nuestro cuidado, por ahora no se podía hacer mucho. Siempre nos decían los tíos “el año que viene estaréis todos reunidos”, pero los meses pasaban y los años también sin que eso sucediera.

            Ahora que ya sabía escribir les podía contar todo esto y la vida que yo hacía a nuestros padres. Recibíamos con frecuencia sus noticias. Acababa de nacer nuestro hermano Joseba Bingen el 18 de abril de 1945, y la guerra estaba ya casi a su fin. Nuestros padres empezaron hablar de reunirnos a Begoña y a mí con ellos. Querían que fuésemos las dos juntas, a lo que la tía les contesto que el viaje por barco de Bilbao a Montevideo, Uruguay, era muy largo, en aquellos años un mes de travesía, y que sugirió mejor hacer el viaje una y ver de luego ir la otra. Que era mucho viaje para las dos y más yendo solas. Nuestros padres aunque no contentos asintieron. Yo inmediatamente empecé a hacer planes de lo que hasta ahora había sido solamente un sueño, primero tratando de convencer a Begoña de emprender juntas semejante hazaña. Creo que si hubiéramos vivido bajo el mismo techo hubiera sido un hecho.

            Llegué a Las Arenas con tiempo de empezar el colegio, extrañaría a mi hermana, pero con mi regreso la felicidad volvió a mis tíos. Ellos no podían tener hijos y parece ser yo llenaba sus vidas muy bien, y yo estaba contenta de ir a la escuela y ver a mis amigos.

Un día de octubre de 1945  mi abuela paterna, María, que vivía en Algorta yendo a la misa diaria a la iglesia de los Trinitarios tropezó en el peldaño de la puerta, (ver foto a la derecha) se cayó y se rompió la cadera. La operaron, pero murió al poco tiempo de neumonía a los 83 años de edad, sin tener a su hijo menor cerca de ella. Aun me acuerdo de su funeral. Yo tenía 7 años, después de su muerte me llevaban esporádicamente a visitar a los tíos y primos de Algorta con los cuales jugábamos muy bien. Su muerte abría la herida de la separación en  nuestros padres que no pudieron dar el último adiós a sus respectivos padres.

Aita como delegado en Montevideo se convirtió en líder de una red de espionaje de media docena de vascos que recogía información de inteligencia acerca de los agentes fascistas en Uruguay y lo pasaba a los vascos de Nueva York que entonces lo enviaban a Washington. El dinero que ganaba con este servicio era parte vital del ingreso familiar a principios y mediados de los 40. A principios de 1947 Estados Unidos dio una gira de 180 grados a sus preocupaciones fascistas, con el comienzo de la guerra fría. El comunismo llegó a ser el enemigo y España se hizo aliada en esa lucha. Y ahora el departamento de Estado y la CIA quitaron su apoyo económico al gobierno vasco, un paso que sucumbió el esfuerzo de los exiliados de una crisis financiera por la que nunca se recobraron. Y en casa la familia ahora estaba pasando por momentos difíciles financieros.[1]

                 Ya estábamos en el año 1947, ama nos escribió que para mi cumpleaños tendríamos un nuevo/a hermanito/a y me ofrecieron ser la madrina. Yo contenta tomando como un regalo para mí, aunque cambiaron de opinión lo del madrinazgo, tal vez yo era muy joven, iba a cumplir 9 años. En el colegio las monjitas empezaron a prepararme para hacer la Primera Comunión.

                Los aitas querían estar presentes para este día tan grande y fue un desgarrón para ellos que yo la hiciese lejos de ellos. Pero iba a cumplir 9 años y no se sabía cuanto mas se iba a esperar.  Fuimos a la casa de fotos Cañada a sacar fotografías oficiales para mandarles. Mi precioso vestido largo de organdí estaba hecho en el taller de la tía Juli. El celebrante era el tío Pedro, la fecha; 7 de mayo, mi cumpleaños, lugar; la capilla del colegio. Iba a ser una ceremonia privada. La pequeña iglesia estaba preciosa adornada con las flores de mayo. Enfrente al altar había tres reclinatorios decorados de terciopelo rojo que serian ocupados por mis tíos Ino y Carmen y en la mitad de ellos el mío, forrado de tul blanco. Flores y luces abundaban en la capilla. Era un día muy bueno para todos aunque la ausencia de nuestros padres era la única sombra. Cuando me incliné en mi reclinatorio pedí con fervor reunirme con nuestros padres muy pronto. Siete meses más tarde estaba en un barco rumbo a Montevideo, Uruguay. A los cuatro días de hacer mi Primera Comunión, el 11 de mayo de 1947, nació nuestro hermano menor, Xabier Iñaki.

El capitán del “Monte Amboto”, Capitán Gastiarena, amigo del tío le dijo que ellos iban a Sur America haciendo escala en Montevideo, Uruguay, el próximo diciembre y el se haría responsable de nosotras dos, pero Begoña seguía sin deseos de partir. Era una travesía larga y yo iría sola, sin mi hermana ni nadie que yo conocía. Su negativa no disminuyó mis fuertes deseos de reunirme con nuestros padres. Así es que se empezó a preparar solamente mi viaje. Los meses siguientes pasaron rápido. Yo no me acuerdo que pasaba por mi mente, cuando estaba a punto de dejar todo lo que me era tan familiar y bueno para embarcarme sola a un lejano lugar para ir a conocer a mis padres y tres hermanos más pequeños. Pero no creo tenia dudas sobre el paso que iba a dar, pero sin saberlo cambiaria mi vida por completo así como la de mis padres y hermanos.

           En uno de mis últimos viajes a Donosti otra vez le propuse a Begoña que me acompañase en el viaje a America. Yo no podía creer que a ella no le apetecía algo que yo deseaba tanto. Era pleno verano y estábamos las dos en el Paseo Nuevo patinando y puse énfasis en lo necesario de este viaje ir juntas, esta vez me dijo muy seria y yo me acuerdo exactamente de sus palabras, “Me da miedo viajar en barco yendo tan lejos y no me hace mucha gracia convivir con hermanos pequeños.” Me acuerdo de ese día porque al mismo tiempo que nosotras discutíamos sobre nuestro futuro nos fijamos en algunas de las personas sentadas en los bancos del Paseo Nuevo leían el periódico que con grandes titulares decía “Murió Manolete.” Pero aunque la noticia no nos decía mucho a mi hermana o a mí cuando llegamos a casa las chicas de la costura hablaban del suceso contando que el torero más grande y legendario de la historia había muerto por una profunda cornada que le atestó el toro (perforando con el asta la vena femoral y tal evento lo convirtió en un mito de la España de la postguerra) y eso sucedió un 29 de agosto de 1947.  Años más tarde cuando hice una presentación oral en el colegio en Montevideo cubriendo cultura de la Península Ibérica, yo explicaría en clase sobre este suceso con mucha elocuencia como si hubiese estado presente en tal suceso.         

                Salí de San Sebastian para Bilbao, el tío me fue a buscar a la estación de tren en Bilbao. Yendo a Las Arenas en el carro en silencio, después de una pausa larga me dijo, “tu sabes que no tienes que ir si tu no quieres.” Yo asentí, pero yo ya había tomado la decisión y nadie me podía convencer lo contrario.  Esta foto, sacada en la playa de Las Arenas en el verano de 1947, es la última mía antes de embarcarme para Uruguay.

               Días antes de mí partida los tíos me regalaron una bella pulsera de oro con cuatro piedras preciosas amatistas, de tonalidad lila claro, llamada “Rosa de Francia” ellos me dijeron que siempre que cuando me la pusiera me acordara de ellos. Y la lleve puesta durante el viaje y hoy en día la tengo como un pequeño tesoro. He aprendido que esta roca tiene faceta calmante y tonificante en caso de tener estrés, nervios, miedo y angustias y es uno de los cristales más importantes del planeta. Y según la mitología griega, Dionisio, dios del vino y el desenfreno, pretendía a una doncella llamada Amethystos, la cual deseaba permanecer casta. La diosa Artemisa escuchó sus plegarias, y transformo a la mujer en una roca blanca. Dionisio, humillado, vertió vino sobre la roca a modo de disculpa, tiñendo así de púrpura los cristales. El cristianismo adoptó la amatista como símbolo de renuncia a los bienes terrenales y castidad, y aun hoy la llevan en forma de anillos muchos cardenales y obispos. La amatista simboliza la sabiduría divina.

              Llegó el 17 de diciembre de 1947 y fuimos al puerto en Bilbao todos y embarcamos. El capitán nos esperaba, no tenia ni barba ni pipa como yo me lo había imaginado, muy amable nos llevo al puente de mando, lugar donde se dirige la nave, y nos mostró sus catalejos y el timón de rueda.  Mis tíos inspeccionaron mi camarote. Mi cama estaba arriba a la derecha y al lado de la ventana (ojo de buey). Ellos me abrazaron y me besaron con lágrimas. Yo me emocioné mucho, y pensaron que había cambiado la idea de partir, me dijeron luego. Poco después el barco implacable con su ruidosa sirena anunciaba el comienzo del viaje. Begoña no estaba conmigo. Yo quedé sola en cubierta mirándoles a ellos en el muelle. Los tíos siguieron en coche por la vera de la ría al barco pasando muelles, dársenas, astilleros, los Altos Hornos, fabricas, casas y los astilleros Euskalduna frente al cual estaba el tío Churchill agitando un gran pañuelo. Yo me acuerdo haberle gritado “No te olvides de la herencia”. El y la tía Cris eran los tíos de la tía Carmen e íbamos a visitarlos de vez en cuando a Bilbao. Ellos vivían en el barrio Basurto, en el 5º piso, por la ventana de la cocina se veía el estadio San Mames. El mejor palco del barrio. Mientras ellos charlaban frente a la ventana, yo oía música en el tocadiscos RCA, y parece ser me gustaba mucho, tanto así que me prometieron dejármelo de herencia; y es debido a ello mi suplica. Al llegar al puente colgante mis tíos sacaron los pañuelos para darme el último adiós y yo seguí mirando hasta que ellos se convirtieron una línea en el horizonte. Enfrente a mi muy pronto estaría el mar, y más mar.

              Después de un mes de cruzar muchos husos horarios y la percepción de que dejé algo querido detrás creció mas fuerte llegando a mi destino. Cambie la hora en mi reloj de oro, regalo de los aitas para mi Primera Comunión, al horario apropiado.

  Paramos en Vigo, Lisboa, Santa Cruz de Tenerife, Montevideo. Cuatro puertos en un mes que duró el viaje, abundaban días de navegación atravesando la inmensidad del Atlántico donde solo se veía el horizonte alrededor, lo que permitía una estancia mas calmada a bordo. Para matizar las horas yo me acuerdo jugar con mi juego favorito, Laberinto, colorear y leer. (Foto de mi cabina) No había ningún niño de mi edad para jugar. Torino, que era un camarero de Las Arenas, me llevaba por todo el barco de paseo y los domingos bajábamos a la cocina en la bodega donde estaban los grandes calderos llenos de chocolate y allí me obsequiaban con extra churros y rosquillas. Me acuerdo celebramos la Navidad y en Reyes tuve obsequios del capitán.

En Vigo paramos lo suficiente para que el capitán me llevara al circo. Navegamos a través de las Islas Canarias y paramos en el puerto de Tenerife por varias horas, para luego atravesar el Océano Atlántico. En medio del océano enfrentamos una tormenta bastante grande, hacia frío, el viento soplaba en forma despiadada y el mar estaba alterado. Adentro nos bamboleábamos un poco siguiendo los locos designios del mar y me entró un poco de miedo la furia del mar. El capitán se acercó y tratando de calmarme diciéndome que el Amboto estaba preparado para estas tormentas, y me contó la historia del viaje de Kon-Tiki; un aventurero que unos pocos meses antes, atravesó otro mar más grande que el “nuestro” e iba solo y a bordo de una balsa hecha solamente de juncos, que son parecidos a los juncos que rodean las márgenes del río Gobelas. Parece ser la calma volvió a mi espíritu porque corrí a contarle a Torino para que “el no se asustara”.

               Casi llegando mi ansiedad creció acerca de mi nuevo y desconocido mundo de mi nueva familia y país.  Llegamos a la costa de Brasil, pero yo ya no prestaba mucha atención a nada porque mi inquietud se acrecentó llegando a la altura de Río. Ahora la temperatura era más templada. Había salido de Bilbao en invierno y llegábamos a Montevideo en verano. Al fin llegó el día, elegí ponerme un vestido de verano, creo el único que traía. Despacio el barco estaba entrando en el Río de la Plata, y pronto en el puerto de Montevideo que ya estaba casi enfrente a nosotros. La fecha era 15 de enero de 1948, siete años exactamente desde que nuestros padres habían dejado Europa.

Recibí del Museo Marítimo Ría de Bilbao, de Bilbao esta pequeña reseña del barco “Monte Amboto”. 

El Anboto Mendi fue botado el 5 de septiembre de 1928 en los astilleros Euskalduna, para la naviera Sota y Aznar. Se trataba de un buque tipo convencional, destinado a carga general, provisto de cubierta corrida y 4 bodegas. Desde el comienzo de la Guerra Civil española, en 1936, estuvo navegando bajo pabellón republicano y controlado por el Gobierno Vasco hasta el 24 de agosto de 1937, cuando la tripulación se pasó al bando nacional. Así, navegó bajo pabellón del Gobierno de Burgos hasta el final del conflicto armado. Sería entonces entregado a la Naviera Aznar, pasándose a llamar Monte Amboto.

Estuvo destinado a navegar en tráficos de gran cabotaje y altura, como buque “tramp”.* Posteriormente, el buque sufrió una transformación, convirtiéndose en buque mixto con capacidad para acomodar a 72 pasajeros, navegando desde entonces y durante muchos años, en la línea regular Norte de España-Sudamérica con escalas en Bilbao, Vigo, Lisboa, Santa Cruz de Tenerife, Montevideo y Buenos Aires. También lo haría en la línea Mediterráneo-Mar del Plata. Desguazado en Santander el 3 de marzo de 1977.

* La característica de este medio de transporte son su gran capacidad de carga y su adaptabilidad para transportar toda clase de productos, de volúmenes y valores.         


[1] Xabier Irujo Ametzaga y Alberto Irigoyen Artetxe, La hora vasca del Uruguay: Génesis y desarrollo del nacionalismo vasco en Uruguay 1825-1960, (Montevideo: Institución de Confraternidad Vasca Euskal Erria, 2006).  

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I) Vida de Mercedes Iribarren de Ametzaga -Gure Ama - Tributo a nuestra Ama, por Mirentxu Ametzaga 

 

I.1 Vida de Mercedes Iribarren de Ametzaga -Gure Ama

I.2  Life of Mercedes Iribarren de Ametzaga - Our Mother

II) La mujer que acompaño a Vicente de Ametzaga Aresti - por Xabier I. Ametzaga

 

II.1 La mujer que acompaño a Vicente de Ametzaga Aresti

III) Mis manos quieren hablar - mi poema a mi Ama - por Xabier I. Ametzaga

 

III.1 Mis manos quieren hablar - mi poema a mi Ama

IV) Publicaciones en Internet relacionadas 

 

IV.1 Sitio en Internet que lleva el nombre de Vicente de Ametzaga Aresti

IV.2 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.3 Travesia

IV.4 Reunion familiar Amezagaeguberriak

IV. 5 Antecedentes

IV. 6 Publicacion en Internet de toda la obra de Aita - la que ella ordeno y recopilo

IV. 7 Publicaciones Xamezaga Editor Internet

 
Sitio en Internet en homenaje a Mercedes Iribarren de Ametzaga.
http://mercedesiribarrengorostegui.blogspot.com
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
e-mail: xabieramezaga@gmail.com
Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
Editorial Xamezaga